926 22 16 37 / 691 60 32 04

Vamos a dividir la temática de esta entrada al blog en tres 3 partes, dado que consideramos que el tema lo merece (atendiendo a la “dimensión” que la misma ha adquirido durante los últimos años). En esta primera entrada analizaremos la cuestión desde la base, desde su propia esencia, definición, concepto y dimensión para, en la segunda parte, seguir profundizando en la misma. En la tercera entrega, se expondrán y concretarán las diversas aplicaciones de algo que pasa por “ser” (en función de quien lo exponga y defienda) bien una “filosofía”, bien un “paradigma”, bien un “método de entrenamiento”, en cualquier caso, puede que como veremos, si somos realmente rigurosos la propia esencia del denominado “entrenamiento funcional” deba ser replanteada y quizás, entender que no puede haber ningún programa de entrenamiento que no atienda a la funcionalidad y si existe actualmente esa diferencia tal vez sea porque han existido carencias y deficiencias en los criterios para el diseño de programas de entrenamiento para la salud (otro tema que trataremos en un futuro) y por otro, exista un cierto interés más motivado por el marketing que por la evidencia.

El inicio de un reflexión en base a la búsqueda de evidencia…

En el año 2007Juan Ramón Heredia fue invitado por nuestro querido y admirado (uno siempre puede aprender de él y admirarle sin conocerle, pero es imposible conocerle y que esa admiración no alcance cotas inimaginables puesto que su capacidad como ser humano supera su inteligencia y capacidad docente, ¡que ya es decir!) el Dr. Juan Carlos Colado, a participar en un capítulo de un libro coordinado por otros de los grandes especialistas de este país, el Dr. Pedro Luis Rodríguez(dicho libro vería la luz en el 2008 en el Editorial Médica Panamericana), sobre los “criterios básicos para el diseño de programas de acondicionamiento físico funcional” (en general recomendamos la lectura de este magnífico libro, todos los autores: Dr. González Badillo, Dr. Fernando Navarro, Dr. Pedro A. López Miñarro, Dra. Pilar Sainz, Dr. Francisco J. Vera, etc…podemos considerarlos verdaderas referencias en el área del ejercicio físico y salud y no hace falta mencionar el gran número de estudios e investigaciones que llevan a cabo y publican) [1].

se capítulo fue una experiencia muy interesante, de la que sacamos muchas conclusiones y que, estamos seguros, todavía no ha sido adecuadamente dimensionada y tenida en consideración(aunque lo hará, por su fundamentación, rigor y enorme aplicación). Desde entonces, mucho ha llovido (sin querer son ya cinco años) y en el 2011 los Dres. Borja Sañudo y Jerónimo García, de la Universidad de Sevilla, encargaron nuevamente a Juan Ramón Heredia la elaboración de otro nuevo capítulo para un libro publicado en ese mismo año [2] y que fue elaborado en esta ocasión junto a otros miembros del IICEFS, uno de los cuáles también firma este blog, los profesores Guillermo Peña y Susana Moral.

Pues bien, estamos ya en el 2013 y, pasa el tiempo y seguimos observando como el pseudo-concepto “entrenamiento funcional” continúa progresando (a veces convirtiéndose en un auténtico despropósito, permitasenos este término), mientras la información emergente no solo de la propia investigación, sino del adecuado uso del término y concepto permanece relegado a un segundo plano sucumbiendo ante la potente industria del marketing y el interés comercial.

¿Entrenamiento funcional?…del marketing a la realidad de una “necesidad” (I)

¿Entrenamiento funcional?...del marketing a la realidad de una “necesidad” (I)

Juan Ramón Heredia

Guillermo Peña

Victor Segarra

IICEFS

Vamos a dividir la temática de esta entrada al blog en tres 3 partes, dado que consideramos que el tema lo merece (atendiendo a la “dimensión” que la misma ha adquirido durante los últimos años). En esta primera entrada analizaremos la cuestión desde la base, desde su propia esencia, definición, concepto y dimensión para, en la segunda parte, seguir profundizando en la misma. En la tercera entrega, se expondrán y concretarán las diversas aplicaciones de algo que pasa por “ser” (en función de quien lo exponga y defienda) bien una “filosofía”, bien un “paradigma”, bien un “método de entrenamiento”, en cualquier caso, puede que como veremos, si somos realmente rigurosos la propia esencia del denominado “entrenamiento funcional” deba ser replanteada y quizás, entender que no puede haber ningún programa de entrenamiento que no atienda a la funcionalidad y si existe actualmente esa diferencia tal vez sea porque han existido carencias y deficiencias en los criterios para el diseño de programas de entrenamiento para la salud (otro tema que trataremos en un futuro) y por otro, exista un cierto interés más motivado por el marketing que por la evidencia.

El inicio de un reflexión en base a la búsqueda de evidencia…

En el año 2007Juan Ramón Heredia fue invitado por nuestro querido y admirado (uno siempre puede aprender de él y admirarle sin conocerle, pero es imposible conocerle y que esa admiración no alcance cotas inimaginables puesto que su capacidad como ser humano supera su inteligencia y capacidad docente, ¡que ya es decir!) el Dr. Juan Carlos Colado, a participar en un capítulo de un libro coordinado por otros de los grandes especialistas de este país, el Dr. Pedro Luis Rodríguez(dicho libro vería la luz en el 2008 en el Editorial Médica Panamericana), sobre los “criterios básicos para el diseño de programas de acondicionamiento físico funcional” (en general recomendamos la lectura de este magnífico libro, todos los autores: Dr. González Badillo, Dr. Fernando Navarro, Dr. Pedro A. López Miñarro, Dra. Pilar Sainz, Dr. Francisco J. Vera, etc…podemos considerarlos verdaderas referencias en el área del ejercicio físico y salud y no hace falta mencionar el gran número de estudios e investigaciones que llevan a cabo y publican) [1].

Ese capítulo fue una experiencia muy interesante, de la que sacamos muchas conclusiones y que, estamos seguros, todavía no ha sido adecuadamente dimensionada y tenida en consideración(aunque lo hará, por su fundamentación, rigor y enorme aplicación). Desde entonces, mucho ha llovido (sin querer son ya cinco años) y en el 2011 los Dres. Borja Sañudo y Jerónimo García, de la Universidad de Sevilla, encargaron nuevamente a Juan Ramón Heredia la elaboración de otro nuevo capítulo para un libro publicado en ese mismo año [2] y que fue elaborado en esta ocasión junto a otros miembros del IICEFS, uno de los cuáles también firma este blog, los profesores Guillermo Peña y Susana Moral.

Pues bien, estamos ya en el 2013 y, pasa el tiempo y seguimos observando como el pseudo-concepto “entrenamiento funcional” continúa progresando (a veces convirtiéndose en un auténtico despropósito, permitasenos este término), mientras la información emergente no solo de la propia investigación, sino del adecuado uso del término y concepto permanece relegado a un segundo plano sucumbiendo ante la potente industria del marketing y el interés comercial.


¿Qué “vemos” y “entendemos” hoy como entrenamiento “funcional”?

Actualmente se puede decir que para la concreción de los programas de acondicionamiento neuromuscular (PANM) ha aparecido una metodología de entrenamiento basada en la funcionalidad en la que primordialmente se incluyen ejercicios y movimientos considerados funcionales [1,2].

El ACSM (American College of Sport Medicine, 2005) define el concepto de fuerza funcional (en este caso se considera como funcional el entrenamiento de dicha capacidad) como “…el trabajo realizado contra una resistencia de tal forma que la fuerza generada beneficie directamente la ejecución de actividades de la vida diaria (AVD) y movimientos asociados al deporte”.

Estas propuestas, que han emergido con enorme fuerza en la actualidad, son entendidas en base al desarrollo de movimientos integrados y multiplanares que implican aceleración conjunta, estabilización (incrementando en ocasiones las demandas mediante el empleo de elementos desestabilizadores) y desaceleración, con la intención de mejorar la habilidad del movimiento, de la fuerza de la zona media y la eficiencia neuromuscular. Este desarrollo es justificado en su posible mayor aplicación y “transferencia” para las actividades “cotidianas o diarias” y “actividades naturales” [2, 3].

Curioso. Si me permiten el uso de los términos entrecomillados: “transferencia”,“actividades de la vida diaria o cotidiana” y “actividades naturales” son términos que aparecen en la mayoría de los textos (más divulgativos que científicos, dicho sea de paso) consultados. Sin embargo, como veremos, ni son utilizados atendiendo a la propia etimología de la palabra, ni utilizadas en el contexto de un detenido análisis tanto del concepto, como de la propia lógica interna de lo que implican.

¿Qué es “funcional?

De esta manera vamos a intentar replantear el concepto de “entrenamiento y ejercicio funcional”. Etimológicamente debemos comprender el término “funcional” (RAE, 2011) como lo perteneciente o relativo a las funciones. También cuando es dicho de una obra o de una técnica: eficazmente adecuada a sus fines y encontramos igualmente su utilización cuando se utiliza como perteneciente o relativo a las funciones biológicas o psíquicas (se encuentra, por ejemplo, su empleo en el concepto de “recuperación funcional”).

Es decir, inicialmente, la utilización adecuada del término “funcional” debe suponer el respetar o relacionarse con las funciones para los que está diseñado el sistema psico-biológico humano, de manera eficaz y respetando dichas funciones (es decir intentando no crear situaciones que puedan “atentar contra ellas”). Lo contrario (y aquí podríamos escribir mucho y con gran evidencia en la literatura actual) no podría considerarse funcional [2].

La primera pregunta pues sería ¿tiene sentido hablar de un entrenamiento “funcional” y otro que “no lo es”? Si estuviésemos haciendo algún entrenamiento que no atendiese a la funcionalidad no podría considerarse entrenamiento para la salud, ni tendría sentido. Todos los entrenamientos, sin excepción, deberían respetar la variable de funcionalidad. Y para que conste (aunque se expondrá en la segunda parte de este blog) en absoluto dicha variable depende ni de material o implemento alguno, ni de determinado método o tipos de ejercicios (a los que parece que se les otorga tal etiqueta por el mero hecho de poseer determinadas características), simplemente todo “gira” entorno al estado psico-biológico del individuo, a la adecuada valoración y análisis de dicho estado y de las necesidades de dicho sujeto (AVD + AVDL), a una adecuada “dosis” de ejercicio en relación a las posibilidades de respuesta a la misma y a garantizar óptimas adaptaciones en relación a criterios de eficacia y funcionalidad.

Además es importante (y para ello recomendamos acudir a la biblioteca de términos de esta sección y, en general, de todas las secciones de G-SE –excelente iniciativa, y muy necesaria) distinguir entre “ejercicio funcional” y “entrenamiento funcional”.

Que un determinado ejercicio, en su variable de selección se escoja desde la perspectiva de funcionalidad (en las próximas entradas aclararemos este aspecto), no significa que hayamos realizado un “entrenamiento funcional”, porque son cosas distintas. Para que el entrenamiento pueda considerarse funcional debe contener ejercicios adecuadamente seleccionados entorno a ese criterio de funcionalidad (y para ello será necesario, a su vez, hacerlo atendiendo a cinco variables distintas [3,4] que determinan dicha funcionalidad –a este respecto, en esta sección trataremos dichos aspectos tanto en el blog como en el área de artículos) pero el resto de variables de la dosis –aspectos que determinan el proceso de entrenamiento como tal- deben ser las adecuadas. Podríamos decir, aunque sea demasiado simplista, que un ejercicio funcional no hace aun entrenamiento funcional en sí mismo, pero un entrenamiento funcional debe considerar siempre una adecuada selección de ejercicios atendiendo a la funcionalidad (parece complejo pero no lo es).

Con el simple análisis de este término podemos empezar a considerar que pretender “enmascarar” el concepto “funcional” tras una filosofía basada en determinados métodos, tipos de ejercicios, etc…peca por defecto en la propia esencia de su definición (algo que aún será más marcado cuando sigamos analizando las siguientes cuestiones). Por poner un ejemplo sencillo: para un individuo que no ha realizado ejercicio nunca jamás, una selección de una dosis de entrenamiento inadecuada o una selección de ejercicios donde existan altos niveles de estabilización externa como los que pueden haber en determinadas “maquinas” –aquí es fundamental el conocimiento del técnico para saber controlar todas las variables y escoger adecuadamente) puede ser más “funcional” que plantearle determinadas tareas motrices con una alta demanda de estabilización interna activa e incluso con dispositivos que añadan/generen inestabilidad (p.e: fitball) que son concebidas como “entrenamiento funcional” (al contrario, puede que en este individuo, en ese momento, ese estímulo sea todo lo contrario, posiblemente incluso pueda considerarse “disfuncional”.

Pero aún hay más hasta llegar a poder ser capaces de empezar a vislumbrar el bosque que hay detrás del árbol… ¿nos vemos en la siguiente entrada?

Fuente: g-se.com