Es posible que el sodio no aumente la sed como alguna vez hemos pensado, pero es posible que el estómago te gruña antes de la próxima comida.

Los cacahuetes. Las palomitas de maíz. Los pimientos de Padrón. Algo que todos tienen en común es que todavía saben mejor con más sal. Y puede que te hagan beber más agua de lo normal, de todas maneras, ese es el consenso nutricional general.

Pero en realidad, la comida salada puede causar el efecto contrario, según los nuevos hallazgos científicos que estudian la ingesta de sal y los hábitos de consumo de bebida. Los investigadores del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular (MDC) han descubierto que la sal puede hacer que bebas menos… y que comas más.

 

¿La sal produce sed?

Casi todos nosotros consumimos demasiada sal. Aunque no cojas el salero en cada comida, el 77% del sodio que consumimos está en los alimentos que comemos antes de comprarlos, en concreto, en los alimentos envasados y las comidas de restaurantes.

Resulta que nuestro cuerpo se adecua naturalmente a una mayor ingesta de sal. Nuestros riñones retienen más agua, por lo que en realidad estamos menos sedientos después de esa bolsa de galletas saladas. Pero, todo ese exceso de sodio presiona los vasos sanguíneos, aumenta el volumen, la presión arterial y ocasiona más trabajo al corazón. La retención de líquidos puede provocar hinchazón y aumento de peso, pero también hay otra razón por la que puedes aumentar quilos.

¿La sal engorda?

Durante unos estudios de 105 días y 205 días realizados en vuelos espaciales simulados a Marte, los científicos descubrieron que los individuos que consumían más sal retenían más líquido y necesitaban más energía. Los cosmonautas en los vuelos tenían dietas idénticas, pero les dieron tres niveles diferentes de sal en sus alimentos. Todos los aspectos nutricionales de dichos individuos, el agua y la ingesta de sal podía controlarse y medirse; las condiciones experimentales no podían ser más claras.

Los científicos descubrieron que la sal causaba sed a corto plazo. También condujo a un mayor contenido de sal en la orina. Y también estaba provocando que los riñones retuvieran agua, lo que confundió al equipo. Los cosmonautas que consumieron más sal durante la misión se quejaban de hambre más que los que comieron menos sal. Se descubrió que la urea, una sustancia formada en los músculos y el hígado para eliminar el nitrógeno, podía estar involucrada. Sintetizar la urea consume una gran cantidad de energía, lo que explica el por qué, en experimentos con ratones, aquellos con una dieta alta en sal comían más.

La urea es un compuesto crucial para el transporte del agua, para mantenerla en nuestro cuerpo y eliminar la sal. Debido al consumo de energía que se necesita para producir la sustancia, los ratones con una dieta salada no necesitaron beber más, pero sí necesitaron comer más, hecho que indica la necesidad de combustible para producir urea.

Una vez considerado un producto de desecho, parece que la urea es muy útil para desechar la sal y retener agua. Pero eso no significa que lo utilices como excusa para atiborrarte de patatas fritas con mucha sal. Reduce el nivel de sodio y tu cuerpo te lo agradecerá.